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  • Nenes No Lloran

Ya no sos más el protagonista de la historia 💚

Actualizado: 29 sept 2021

En algún lugar del país una familia celebra navidad en algún comedor donde los ventiladores y las ventanas abiertas contrastan con el árbol lleno de decoraciones que hacen referencia al invierno. Al pie del árbol, dos niños, un niño y una niña, abren los regalos que el niñito dios les dejó luego de las doce. A su alrededor, les grandes festejan y observan las reacciones de les más chicos.

El nene es el primero en terminar de abrir su regalo y empezar a gritar de emoción. Debajo del envoltorio le esperaba un traje de Superman y un camión. Justo lo que le había pedido al niño dios en la carta que le había escrito algunas semanas antes. Sus padres miran con satisfacción su reacción. A tan solo 7 años de edad, ese nene ya sabe lo que se espera de su existencia: un rol protagónico.

A menos de dos metros, su hermana más chica termina de abrir el regalo: dentro del paquete que tenía su nombre había una escoba y una cocinita de plástico. No del todo lo que había pedido (en la carta que había escrito con ayuda de su madre en realidad había pedido una barbie), pero no del todo distinto a lo que se había imaginado. En ese regalo también había un mensaje sobre lo que se esperaba de ella: un papel secundario.

En distintos envíos de este newsletter escribí sobre el peso que determinadas narrativas tienen sobre nuestras vidas y las decisiones que tomamos. Las historias que nos cuentan sobre lo que somos también definen lo que somos, y a los varones nos vienen contando una historia bastante convincente desde hace siglos: venimos al mundo a ser sus protagonistas, a ocupar los roles heroicos de la película.

¿Pero qué pasa cuando esa narrativa empieza desmoronarse? ¿Qué sucede cuando en el cuento empiezan a aparecer otros protagonistas que nos disputan el centro de atención? ¿Qué pasa además cuando esos nuevos protagonistas son además actores que hasta entonces habían sido solo de reparto, absolutamente secundarios? ¿Cómo habría reaccionado el nene de esta historia si hubiese sido él el que recibía la escoba mientras miraba como su hermana recibía el traje de Mujer Maravilla?.

Creo que este es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la masculinidad tradicional en nuestros días, la cruda pero absoluta certeza de que hay nuevos protagonistas con los que compartir tiempo de pantallas, la decepción de tener que aceptar que la película ya no es solamente sobre vos.

Este sin dudas es un problema estructural que merece reflexiones mucho más grandes que las de este mail, pero lo traigo a colación porque creo que tiene mucho que ver con algunas cosas que estamos viviendo últimamente en Argentina y sobre las que quería escribir en este mail.

Una película verde en la que ni siquiera apareces en el cast.

Esta semana el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo volvió a tener media sanción en el Congreso Nacional. En el 2018 fue rechazado por el senado pero ahora la posibilidad de tener #AbortoLegal en Argentina vuelve a aparecer con más seguridad.

Ya en 2018 el debate sobre la IVE había generado escenas muy curiosas. Porque a diferencia de otras conquistas sociales o debates de envergadura, en este los varones cis teníamos poco y nada para aportar. Es un cuento en el que ni siquiera valemos como personajes secundarios, y sin embargo nos resulta tremendamente difícil aceptarlo…

¿Es correcto que un varón se involucre tanto en una discusión que no le afecta ni le concierne? ¿Podemos los varones hablar de cuestiones que no son tan ajenas como lo es la posibilidad de embarazarse y tener que recurrir a un aborto? ¿Cuál es el papel que deberíamos tener en la discusión?.

Desde muy chico siempre he sufrido un tremendo síndrome del impostor. Me siento muy incómodo hablando incluso de temas que me afectan o de los que conozco mucho. Cuando se trata de temas que desconozco o que no me concierne me resulta muy difícil emitir cualquier tipo de opinión, al menos sin que una vocecita en la cabeza me diga que estoy mandando fruta. Pero en el 2018 me sorprendí al descubrir que a los varones que me rodeaban eso no les pasaba para nada.

En asados, en juntadas, en reuniones familiares o de trabajo, me sorprendía ver como los varones que me rodeaban hablaban de la cuestión del aborto como si fuesen grandes expertos en el tema, a veces incluso desechando inmediatamente las opiniones de las mujeres que también compartían esos ámbitos. La escena me resultaba increíblemente curiosa: el autoestima de los varones cis heterosexuales es realmente una cosa admirable.

Varones hablando sobre la salud y educación sexual de las mujeres. Varones hablando de menstruaciones y embarazos. Varones hablando de cosas que nunca en la vida podrían experimentar en sus propios cuerpos. ¿Cómo es posible?.

La respuesta claramente tiene que ver con lo que decía antes. Cuando te crían desde que naces convenciéndote de que sos el gran protagonista de una novela, por supuesto que te vas a sentir autorizado para hablar e intervenir en cualquier tema, aun cuando el tema en cuestión claramente no tiene nada que ver con vos.

Y vale aclarar que la cuestión es igual de curiosa para quien está en contra de la IVE como para los varones que se muestran a favor. La verdad es que en términos performativos el diputado dinosaurio que se opone al aborto diciendo que las mujeres no están listas para tanta libertad no es tan distinto al “aliade” varón que se cuelga mil pañuelos verdes y se pinta “ni macho ni facho” en el pecho. En los dos casos se trata de varones opinando sobre temas de los que sencillamente no deberían opinar.

Por supuesto que esto no quiere decir que “todos” los varones no puedan opinar sobre el tema. Claramente si sos un diputado electo estas obligado a tener una posición, pero incluso en ese caso esa opinión debería estar formada por un proceso de escucha de quienes si son afectadas por la cuestión y no por tu propia experiencia.

¿Cuál es nuestro lugar en el nuevo mundo que está naciendo?.

Lo cierto es que el debate del aborto refleja mucho del proceso histórico que estamos viviendo. De pronto el varon cis blanco y heterosexual ya no es más el centro y la unidad de medida de todas las cosas. De pronto le toca compartir tiempo de pantalla con otros actores y actrices a los que antes había denigrado. De pronto incluso le toca ver películas completas en las que directamente ni aparece.

Se dice que cuando nuestras creencias más básicas y elementales son cuestionadas, cuando nuestra identidad misma es puesta crisis, ahí empezamos a mostrar como realmente somos y afloran todas esas cosas que en tiempos normales nos esforzamos por ocultar. Un poco de eso se ve en algunos varones por estos días, cuando el papel protagónico les es negado empiezan a mostrar de forma textual lo que creen: que las mujeres deberían solo actores secundarios y nada más, que no deberían tener ninguna posibilidad de protagonismo y decisión aún en sus propias historias, aún en sus propios cuerpos.

Este tweet del que dejo captura aquí es el ejemplo claro y literal de lo que muchos varones piensan en lo más profundo gracias a la ideología de la masculinidad tóxica. En estos momentos que bisagra históricos, esa ideología se vuelve más peligrosa y transparente que nunca.

La verdad es que, al menos en mi opinión, hay solo una actitud razonable y aceptable para los varones cis en los debates que estamos viviendo: el silencio y la escucha.

A veces toca aprender que efectivamente vivimos en un mundo con narrativas mucho más grandes y abarcativas que las narrativas simples con las que nos educaron. Narrativas más amplias e inclusivas, en las que otros tienen el derecho ganado de ser protagonistas, y que cuando eso pasa lo mejor que podemos hacer es simplemente apartarnos e intentar aprender de esas historias sobre las que nunca nos hablaron mientras solo nos mostraban las historias de otros varones.

La historia de nuestras abuelas y nuestras madres, la historia de nuestras propias hermanas. Las historias en las que el aborto existe hace muchísimo tiempo y en las que la clandestinidad y la desigualdad ha sido siempre la regla. Al escuchas y comprender mejor esas historias entendemos también el papel nocivo que nosotros mismos hemos ocupado en ellas.

Lo cierto es que cuando dejamos de resistirnos a esas nuevas narrativas, se nos abre también la posibilidad de reconfigurar nuestro propio papel en ellas y empezar a construir nuevos roles. Para ser honesto, durante los últimos días pensé bastante en como iba a escribir este mail y en si era correcto que yo, un varon cis homosexual, escribiera sobre un tema que me es tan ajeno como el aborto. La conclusión fue que no podía escribir nada sobre el tema, al menos no hablando del tema directamente.

Pero si me es posible hacer esto otro, y al menos empezar a cuestionar el rol que los varones hemos tenido en esta historia. Entre muchas otras cosas, la del aborto también es una discusión sobre salud sexual y planificación familiar, y en esos puntos los varones tenemos muchísimo para replantearnos, porque ambas cosas las hemos delegado siempre en las mujeres de nuestras vidas. Pretendemos que sean ellas las que “se cuiden”, las que eduquen y críen a nuestros hijos, incluso pretendemos que sean ellas las que administren nuestra propia salud sexual. Prácticamente todas las mujeres que conozco saben como funciona el sistema reproductor masculino, mientras casi ninguno de mis amigos varones tiene la más remota idea de cómo funcionan los genitales de sus novias.

Toda esta discusión que estamos viviendo nos da al menos la oportunidad de empezar a cuestionarnos estas cosas y empezar a cambiarlas. Hacernos cargo de nuestras propias historias y las decisiones que tomamos en ellas.

Quizás esa sea la única forma de reconvertir nuestros protagonismos en las narrativas que se vienen.