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  • Nenes No Lloran

Soy Gordito, ¿Te Jode?

Si sos gay y usas apps de levante gay, o si por algún motivo sabes un poco sobre cómo funcionan, entonces no hace falta que te explique mucho sobre las reglas que ordenan ese universo de deseos y consumos sexuales.


El levante gay online tiene una infinidad de rituales y un lenguaje propio que sus usuarios aprenden y reproducen. Hay todo un vocabulario que un extraño a ese mundo podría fácilmente confundir con siglas de alguna especialidad médica: masc x masc, activos, versátiles pasivos, crossdressers, twinks, morbos y un largo etcétera.

Junto a todas esas palabras hay también un montón de expresiones y formas de comunicarse que forman parte de los rituales de levante. Un chat entre dos varones gays suele repetir una fórmula bastante sencilla, hay preguntas que aparecen tarde o temprano como: ¿Qué buscas?, ¿Qué rol sos?, ¿Qué cosas te gustan? o el infaltable ¿Tenés lugar?.

Hay una en especial que estuvo presente en casi todos los chats que yo he tenido en Grindr desde que uso la app. Las respuestas que le siguen suelen ser bastante variadas. Algunos me responden con un “no hay drama”, otros con un “me gustan así”, por ahí aparecen los que necesitan más info y te tiran un “¿Qué tanto?” y por supuesto están los que responden negativamente con un “no me va” o un “no me pinta”. Tampoco faltan los que son más malos y directamente me bloquean.

La pregunta de la que hablo es “Soy gordito, ¿te jode?”.

A veces me detengo a pensar en todo lo que hay detrás de esa pregunta y me doy cuenta de las inmensas crueldades que naturaliza. Y sin embargo, si sabes de estos temas entonces también sabes que usarla es casi inevitable. En el mercado de los deseos los gorditos tenemos que pedir disculpas por serlo cada dos pasos, de lo contrario nadie querría compartir cama con nosotros.

La gordofobia, o el gordo-odio, es un fenómeno extendido en la sociedad. Es como si el mundo no estuviera hecho para personas que tengan algo de sobrepeso. Si vos lo tenés seguro has tenido grandes pesadillas con cosas tan triviales como encontrar ropa que te quede bien o el tamaño de alguna silla en un aula de la escuela o la facultad.

En el mundo gay ese gordo-odio se potencia. Hay un rechazo instalado de forma transversal hacia los gordos en la comunidad. Un odio que hace muchísimo daño y que nos hace reproducir estigmatizaciones muy tóxicas.

Es tan grande esa estigmatización que los gorditos de la comunidad terminamos convenciéndonos de que la culpa es nuestra. En una entrevista, el activista español Carlos Savoie dice que si volviese a nacer le gustaría volver a nacer gay, pero en cambio odiaría volver a nacer gordo. Eso es precisamente a lo que nos someten, a ese tipo de pensamiento.

Unos kilos te separan de ser una persona normal.

Ser gordo es imposible de esconder. No podés taparlo con filtros de Instagram, no podés mentir al respecto y ocultarlo junto a tus peores secretos, no existe ninguna crema ni maquillaje especial que te ayude a ocultar el sobrepeso como si fuese una verruga debajo de la nariz. Lo único que alguien necesita para saber que sos gordo es verte. Es imposible escapar de lo que somos.

Por eso también el gordo-odio tiene un impacto tan grande en quienes lo sufrimos, porque nos hacen sentir que tenemos que huir de nuestro propio cuerpo..

Los estereotipos asociados a los cuerpos gordos dicen que una persona con sobrepeso seguramente es vaga e inactiva, seguro tiene poca actividad sexual y poco autocontrol. El cuerpo propio juega un papel trascendental en la formación de la identidad, por eso asociar características tan negativas a algo tan azaroso como el aspecto físico termina provocando grandes distorsiones y conductas autodestructivas en las personas.

El año pasado en varios mails de #LaMesaChica hable sobre mi relación con mi propio cuerpo y conté además mi experiencia con una cirugía correctora de la obesidad. En los meses posteriores a mi bypass fui descubriendo cosas, como si estuviera entrando al fin en una fiesta a la que nunca fui invitado. Por primera vez en muchísimo tiempo pude comprarme ropa en tiendas de shopping sin preocuparme de más por los talles. Tengo una infinidad de pantalones y camisas guardadas en el armario que por algún motivo me resisto a vender o regalar. En el fondo, muy en el fondo, creo que es porque desconfío de mí mismo, creo que tengo miedo de fallar y volver a mi peso de antes y que si eso pasa necesito tener esa ropa a mano.

Podés dejar de ser gordito, pero algunas de las estructuras mentales que el gordo-odio te instala en la cabeza te van a acompañar de por vida. La persona que me devuelve la mirada en el espejo es totalmente distinta a la de hace un año, pero sus miedos e inseguridades siguen siendo las mismas. Me peso obsesivamente todas las semanas, me da pánico cualquier mínima variación a la suba. Descubro los lugares de mi cuerpo donde sigue habiendo algo de grasa y me desespero. Sigo queriendo escapar de mi contenedor, sigo sintiendo que no es el fisico que me merezco.

Ya no uso Grindr ni otras apps de levante gay. Pero sospecho que si volviese a esos antros me encontraría con que los resultados siguen siendo más o menos los mismos. Quizás algo de gente nueva me respondería los mensajes, quizás a algunos les resultaría más deseable, pero no soy hegemónico, no tengo tablitas en los abdominales ni músculos de hierro en los brazos. Hoy, con varias decenas de kilos menos, me doy cuenta de una verdad cruel: me dejaron entrar a la fiesta, pero el patovica del VIP me sigue mirando con desprecio.

No hay gorditos en el mundo del glitter y los arcoíris.

El estereotipo hegemónico de varón gay empezó a instalarse en los 70. La homosexualidad masculina empezó a ser asociada con valores como la juventud, la belleza y la delgadez, marginalizando a todo lo que no entrará en esos parámetros.

El nacimiento de lo que hoy conocemos como “cultura gay” estuvo íntimamente vinculado a ese estereotipo. Junto a el aparecieron también rituales y reglas de socialización que con la llegada del internet se potenciaron al infinito.

El aspecto físico es un elemento central en cualquier intento de conseguir pareja, asumimos que cualquier novio o chongo va a preferir siempre salir con alguien flaco. Una encuesta realizada en 2008 por Brown y Graham mostró que la mayoría de los varones gays que van al gimnasio lo hace pensando esencialmente en conseguir un match.

Existe en la comunidad gay una auténtica presión por ser flaco, es casi una competencia que se mide a puras fotos de Instagram y nudes artísticas. Una competencia tan feroz que el 52% de los gays tenemos una imagen negativa de nosotros mismos, nunca es suficiente.

Y tampoco es suficiente con aspirar a la propia delgadez. El sistema no funciona si no se marginaliza también a aquellos que no cumplen con los mandatos. Con ellos hay que ser lo más crueles que sea posible.

Gómez Beltran dice que la virtualidad permite desplegar conductas que en las interacciones presenciales no serían habituales. Atrás de una pantalla de celular todos nos animamos a ser malos con los demás.

“Deberías comer menos” “deberías hacer ejercicio antes de entrar a esta app” “si sos gordo ni pienses en hablarme”, son solo algunas de las cosas con las que me he cruzado en Grindr. En algún momento luego de un día frustrante escribí que “lo que más duele es que se nieguen siquiera a conocerte, a aceptar que sos más que lo que se ve en la foto”.

No tengo ganas de ser tu morbo.

A veces creo que lo peor del gordo-odio no son los que nos rechazan de cuajo, sino aquellos que nos consumen a escondidas como alguna especie de placer que tienen prohibido.

Una vez me tocó coger con un pibe que a mitad del acto se obsesionó con mi cuerpo hasta hacerme sentir profundamente incómodo. No solo me miraba, me apretaba (y bastante fuerte) en algunos lugares de mi panza, en mis brazos, me decía que le encantaba coger con gordos como yo. Terminé pidiéndole que se fuera. Sentí que no estaba ahí para tener sexo conmigo sino para usarme. Fue muy deshumanizante.

Al reducir a la otra persona a ser una especie de morbo, alguna especie de placer culposo, es que le haces creer que eso es todo lo que vale. Que su vida sexual y sentimental va a estar siempre reducida a ser un objeto de consumo sexual despojado de deseos propios. Es algo que durante mucho tiempo también vivió y sigue viviendo la comunidad trans: ver cómo sus cuerpos son deshumanizados y transformados en una curiosidad disponible a quienes quieran probarlos.

Escribo sobre todo esto siendo consciente de mis propias contradicciones. Yo también he tenido episodios de gordo-odio en mi cuenta de Grindr o he bloqueado a perfiles que me escribían solo porque no me atraían. A veces es fácil olvidarse que detrás de la pantalla y de la ventana de un chat hay otra persona, que siente, que se frustra o que se enamora igual que nosotros.



Siempre sentí una obsesión por la vida de los escritores que me gustan, me fascina conocer sus historias, sus padeceres, sus dolores y la lucha que tuvieron que llevar adelante para lograr ser publica