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  • Nenes No Lloran

Si el profe de gimnasia fuese presidente…

Actualizado: 18 oct 2021

¿Cuál es la primera figura de autoridad masculina que recuerdan en sus vidas?

Además de sus padres, tíos, abuelos o demás figuras vinculadas a los círculos familiares.

La mía es el profesor de educación física. Pensando retroactivamente, es muy curioso como esa figura llega a nuestras vidas. Antes de el, todas las encargadas de educarnos son mujeres, “seños”, ni maestras, ni profesoras, solo “señoritas”. Y de repente un día en primer grado llega él, con sus lentes de sol, sus pantalones y camperas deportivas y una bolsa llena de pelotas gastadas. El profe de educación física.

Ese día la educación diferenciada para varones y mujeres toma un salto importante. Las nenas se van con otra seño a aprender a bailar con unos cajones de madera, los nenes nos quedamos con el profe, y de repente la “sacralidad” del aula y el contexto escolar se rompe un poquito en esas horas que pasamos con él. El profe nos habla de mujeres y chicas sin reparos, nos dice que no lloremos si nos caemos o lastimamos porque eso es de nenas y no tiene ningún drama de decirnos si parecemos putos.

Si, no me cabe ninguna duda de que el profesor de educación física, o quizás su equivalente como el entrenador en una escuela de fútbol, es la primera figura de autoridad masculina que muchos varones recibimos en nuestras vidas por fuera de los círculos familiares.

Él es una de las primeras figuras que nos enseñan como tienen que ser los liderazgos masculinos, aquellas figuras  que luego descubrimos también en la tele, en el mundo del fútbol, y eventualmente también en la política.

La política es cosa de machos

La historia y la política han sido moldeadas por hombres y por liderazgos masculinos. Pero, ¿Cómo son esos liderazgos? ¿Cuáles son las cosas que les caracterizan?

Para responder eso primero deberíamos preguntarnos qué es lo que caracteriza a la masculinidad en si, ya que transitivamente, los liderazgos masculinos en política no son más que una proyección de la masculinidad hegemónica que se reproduce en la mayoría de los varones. ¿Hay mucha diferencia entre el profesor de educación física que nos decía que éramos nenitas si jugábamos despacio al fútbol y el presidente que dice que una pandemia mundial no es más que una gripecita?.

No, ambos forman parte del mismo fenómeno: el de la construcción de la masculinidad hegemónica.

Villagomez dice que la construcción de la masculinidad hegemónica es un proceso vinculado esencialmente con la adopción de practicas temerarias y riesgosas. Uno es hombre cuando demuestra estar dispuesto a ir siempre más allá, a desafiar los limites constantemente.

Como todo en este mundo binario, gran parte de lo que la masculinidad es se construye en contraposición a aquello que es considerado parte del mundo femenino. Si las mujeres son débiles, entonces los hombres son fuertes. Si las mujeres se cuidan de más entonces los varones lo hacen poco, porque los varones no se enferman. Si las mujeres son ignorantes y dubitativas entonces los varones lo saben todo y no necesitan consultar a otros, excepto claro, a otros hombres.

Si extrapolamos estas características de las masculinidades a los liderazgos el prototipo de gobernante masculino es bastante sencillo:

  • Son fuertes y rudos, no le temen a la confrontación

  • No les interesan las políticas de cuidados. ¿Salud? ¿Educación? ¿Bienestar social? Todas esas son cosas de mujeres para mujeres.

  • Lo saben todo, no necesitan que nadie les explique nada.

Jared Sexton dice que en los actos de Trump estas características son notables entre los hombres que asisten para escuchar a Donald gritarle a la tribuna: hombres blancos, de mediana edad, racistas, que a veces hasta asisten armados a los mítines. Hombres que asisten a esos lugares no tanto por la coincidencia ideológica (que por supuesto la tienen) si no también porque para ellos es casi terapéutico. Un lugar en el que sienten que están resistiéndose a un mundo que viene a arrebatarles su lugar tradicional de mandato. Cuando Trump gano las elecciones en 2016, se sintieron en la más absoluta gloria: habían recuperado el control del país que otros querían arrebatares.

Los otros, por supuesto, somos todo el resto.

En Brasil el fenómeno de Bolsonaro puede leerse de forma casi idéntica. Cientos de miles de hombres blancos, cristianos, que vieron en Jair una figura que decía todas las cosas que ellos ya venían diciendo en voz baja. Después de la victoria de Bolsonaro en Brasil se multiplicaron los crímenes de odio en contra del colectivo LGBTQ. Cuando pones a un machito violento en el poder, el resto de los machitos violentos sienten que les sacaron las cadenas.



Pero la demostración exagerada de fuerza y superioridad siempre esconde debilidad y fragilidad. Cuando decimos que la masculinidad es frágil es mucho más que un chiste o un meme. Rita Segato dice que la masculinidad es un status que necesita revalidarse constantemente, por eso siempre se busca el siguiente reto, la siguiente frontera a romper. Como si la vida fuese un capitulo de Jackass.

La vida no es un capitulo de Jackass.

No es una coincidencia que los dos países gobernados por hombres violentos y ególatras sean también los países más golpeados por la pandemia. Desde un primer momento Trump y Bolsonaro manejaron el tema covid de la misma forma en la que lo hubiese hecho mi profesor de gimnasia.

Si estamos discutiendo y deconstruyendo a la masculinidad hegemónica entonces es hora también de que la desterremos de nuestros liderazgos políticos. El daño que hacen en esas esferas es inconmensurable.