Esta es una versión incompleta de un texto recibido por las personas que están suscriptas a Los Nenes No Lloran.

Si querés recibir mis escritos de forma completa podes suscribirte con tu mail apretando en el botón de abajo. Los mails salen todos los domingos a las 13:30 y la suscripción es completamente gratuita.

Algunos de los posts de la web tienen errores de redacción que todavía estoy en proceso de corregir. Te pido disculpas si encontras alguno.

  • Nenes No Lloran

¿Por qué nos odian tanto?

Actualizado: 18 oct 2021

-Al principio queríamos ponerle Jeremías- decía un amigo de mis viejos en plena cena. Estábamos en una fiesta, alguna fiesta de egresados o quizás un quince, no lo recuerdo bien, pero nos había tocado compartir mesa con ellos.

-Es muy lindo nombre Jeremías- acotó la esposa del amigo de mis viejos, con un bebé en brazos.

-Lo que pasa es que el único Jeremías que conocemos…-el amigo de mis viejos no completó la frase, y en vez de eso  llevo sus manos cerca de su boca e hizo el gesto que absolutamente todos conocemos e identificamos automáticamente: el gesto de “se la come”.

-Así que para no correr riesgos le pusimos Bautista. Todos en la mesa rieron.

Soy de los que creen que la realidad que vivimos es construida y moldeada por nuestros propios discursos, creencias y visiones. Lo que creemos de la realidad termina siendo, de una u otra forma, la realidad. Dicho esto, los que formamos parte del colectivo LGBTIQ+ nos vemos forzado a enfrentar diariamente una realidad cruel, muy cruel, una que está conformada por miles de discursos que son reproducidos todos los días por miles de formas distintas, hasta que terminan siendo parte de lo que es “la realidad”.

Seguramente, si no sos parte de la comunidad en este punto del mail quizás sientas ganas de dejar de leer. Después de todo estoy hablando de algo que no te afecta directamente. Pero me gustaría pedirte que sigas leyendo, que llegues hasta el final, porque vos también sos parte de esta realidad y por eso también podes ser parte de los cambios que todos necesitamos que esa realidad tenga.

¿Por qué nos odian tanto? Es la pregunta que muchos nos hacemos constantemente. La mayor parte de las veces nunca llegamos a alguna respuesta y nos resignamos a vivir sabiendo que gran parte del mundo preferiría que no existiéramos, que muchos preferirían borrar nuestras existencias mágicamente de un chasquido, cual Thanos homofóbico.

Pero así como creo que la realidad es una construcción social, también creo que entenderla es el primer paso para poder transformarla. Entender porque nos odian tanto, quizás también sea el primer paso para que ese odio algún día deje de existir. O quizás no, pero al menos dejaremos de pensar todo el tiempo que los culpables de ese odio somos nosotros mismos.

El primer paso para entender algo es nombrarlo correctamente, y aquí me veo obligado a hacer una distinción que considero relevante. No me parece correcto hablar de homofobia, ni lesbofobia, ni transfobia, ni LGBTfobia, ni de fobias. De ello hay grandes ríos de tinta escritos que pueden sintetizarse de la siguiente forma: una fobia es esencialmente un término que describe un miedo, un miedo del que por lo general se tiene un nivel de autopercepción, decir “le tengo fobia a las alturas” implica necesariamente que somos conscientes de que esa fobia existe en nuestras mentes. Pero hay algo más, las fobias por lo general producen en las personas una autovaloración negativa sobre las mismas. Si le tengo miedo a las alturas yo se que eso no es en principio algo bueno y que quizás debería intentar cambiarlo para que ese miedo no me traiga problemas.

Ninguna de esas tres características (el miedo, la autopercepción y la valoración negativa) están presentes en lo que llamamos “homofobia”. Con lo cual no vamos a decirle así, en lugar de eso lo vamos a llamar como lo que es: odio.

Los discursos LGBTodiantes están presentes en todos lados, y por eso nos afectan tanto. Si perteneces a la comunidad te invito a pensar un segundo, ¿en que ambientes de tu vida (sin contar espacios seguros) no hay discursos de odio sobre las personas LGBTQ+?.

Esos discursos lo penetran todo. Están en las escuelas en las que nos educamos, en nuestros trabajos, en el sistema médico, en nuestros grupos de amigos, la mayor parte de las veces están incluso hasta en nuestras familias. A diferencia de otros grupos discriminados o vulnerabilizados, a nosotros el odio puede perseguirnos hasta dejarnos sin refugio alguno. Quizás por eso la tasa de suicidios dentro de nuestra comunidad es mayor que en otros segmentos. Nos acorralan hasta que nuestras existencias se vuelven intolerables.

Ese odio tiene raíces que lo nutren y justifican. En su libro “One of the Boys” David Plummer hace un excelente trabajo analizando cuales son esas raíces, me permito trasladar esa clasificación, porque como dije antes, en cierta forma entender es transformar:

  • Lo LGBTQ+ es una afronta al orden creado por dios.

No hay mucho para decir de esta raíz en particular porque es una de las más clásicas y extendidas de todo. Aún recuerdo a la catequista diciéndonos que los homosexuales iban a provocar la ira de dios algún día y que por eso nos iban a castigar a todos.

Si las diversas formas de existencia de la comunidad LGBTQ+ son un desafío a dios, es lógico entonces que la forma de combatirlas sea a través de un castigo. Es de esta raíz que sale el odio más agresivo y violento hacia nuestra comunidad, y por ello también es quizás la raíz más peligrosa, porque es la que justifica la violencia en sus peores formas.

En muchos países nuestra existencia es criminalizada y castigada con la muerte. Esa criminalización normalmente tiene que ver con esta raíz.

  • Lo LGBTQ+ es una enfermedad.

Este fue el refugio de los discursos de odio durante muchísimo tiempo y fue un refugio que estuvo incluso legitimado por muchas instituciones médicas. Todos los años festejamos el día que dejamos de estar en los manuales de enfermedades psiquiátricas. Esa legitimidad institucional en muchos casos sigue sobreviviendo, cada tanto aparecen cual fósiles algunos manuales de cátedras de medicina que dicen que tenemos problemas hormonales.

Si lo nuestro es una enfermedad entonces es lógico que necesitemos una cura, un tratamiento, que nos quite el mal que sufrimos o que al menos lo anule. Es este discurso el que permite que existan “clínicas de deshomosexualizacion” en muchos países, clínicas a donde nos envían para ser “reeducados” y en las que muchas veces somos sometidos a todo tipo de torturas, incluyendo terapia de electrochoques.

No crean que esos fenómenos son lejanos. En Brasil y Ecuador, aquí muy cerquita, esas clínicas existen o existían hasta hace muy poco tiempo.

  • Lo LGBTQ+ es una amenaza al futuro y a la familia.

Hay una especie de mentalidad tribal que dice que venimos a este mundo como especie para poblarlo y perpetuar nuestra dominación sobre el mismo. Esta mentalidad por supuesto cree que cualquier tipo relación sexual que no tenga fines reproductivos es una amenaza para la existencia humana.

Esta raíz es usualmente la que aparece cuando son necesarios los argumentos para negar nuestros derechos o nuestra capacidad para formar familias o tener hijos.

Estas son algunas de las raíces del odio. Como dije antes entenderlas es fundamental para poder empezar a desmontarlas, pero eso no es nada sencillo, porque esto no es una discusión lógica, no es un debate que se gana solo con esgrimir los mejores argumentos.

No se puede discutir con el odio, porque el odio no entiende de razones.

Esto implica que lamentablemente hay gente que nos va a odiar no importa que hagamos, que digamos o qué explicaciones les demos. Si desmontamos sus argumentos aparecerán otros nuevos. Esto que voy a decir no viene de ninguna lectura ni análisis con algún nivel de seriedad, pero lamentablemente hay personas cuyas mentes están tan consumidas por el odio que es imposible construir nada bueno con ellas.

Entender las raíces del odio no es algo que debamos hacer para razonar con ellos, si no para evitar que el odio que ellos construyeron se siga reproduciendo en el mundo. Es deber de todos construir un mundo donde las nuevas generaciones dejen de reproducir los esquemas de prejuicios y desigualdad que hemos venido perpetrando hasta ahora.

Ese mundo es posible porque su construcción ya empezó mucho antes de que los que lo habitamos actualmente siquiera hayamos nacido. Este mismo mail probablemente no existiría si un 28 de junio de 1969 un grupo de trans y travestis no se hubiese rebelado ante una redada policial. Estos pequeños y sagrados espacios de libertad e igualdad que hoy podemos habitar existen gracias a esa historia que otros empezaron a escribir.

Una historia que nosotros tenemos que continuar. Es muy poco probable que algún día el mundo se haya librado del LGBTodio, pero sí estoy convencido de que al menos podemos construir un mundo donde ese odio sea mucho menos poderoso que nuestros derechos y nuestra libertad.