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  • Nenes No Lloran

¿Podemos vivir en mundo sin abrazos?

Actualizado: 21 oct 2021

La última vez que salí con mi grupo de amigos antes de la pandemia me volví algo temprano a mi casa y rechace la oferta de ir a hacer after. Cuando empezó la cuarentena los recuerdos de esa noche volvían todo el tiempo a mi, me acechaban en varios momentos del día y una pregunta de respuesta catastrófica me surgía en cada uno de esos momentos: ¿Cuánto tiempo pasará hasta que pueda verlos otra vez?.

Las semanas fueron pasando y la pregunta se fue diluyendo, igual que los recuerdos de esa noche. Al principio eran vivos y muy lucidos, ahora son brumosos, casi como si fuesen parte de un sueño que recuerdo de a partes, como si nunca hubiesen sucedido. Me pasa lo mismo con muchas cosas de la vida pre-cuarentena. Todo parece lejano…

En estos últimos días estuve teniendo mucha angustia con respecto a esto. Las noticias de todo lo que pasa aquí y en el mundo no ayudan a disminuir esa angustia. En el aire entre nosotros empieza a flotar con cada vez más certeza la idea de que el mundo que viene será muy distinto al mundo que perdimos, que hay cosas que no vamos a poder recuperar.

¿Pero qué pasa si entre esas cosas que perdimos hay elementos esenciales que hacen a nuestra humanidad?. Antes de empezar a escribir esta entrega de Los Nenes No Lloran leí una noticia muy relacionada a todo esto: la OMS afirma que hasta que no haya una vacuna al covid-19 lo recomendable será no dar más abrazos.

¿Podemos vivir en un mundo sin abrazos?

Me gusta la historia desde muy chiquito. La segunda guerra mundial es uno de los eventos históricos que me obsesionan y sobre los que he leído miles de cosas y visto decenas de documentales. Una de las cosas que más me fascinan de esa guerra mundial es que fue un auténtico quiebre en la historia de la humanidad: nada volvió a ser lo mismo después de ese conflicto y en cierta forma el mundo en el que vivimos ahora es un resultado de ese episodio.

En la casa de mis viejos guardamos un tesoro familiar que da noticia de esos efectos. La última carta que uno de mis tatarabuelos, migrado desde Europa, recibió de sus parientes en el viejo continente. Luego de la guerra nunca más pudo hablar con ellos, la angustia y el sufrimiento que eso le generó quedaron plasmados en un diario personal que el escribía.

Creo que de cierta forma la pandemia es “nuestra” guerra mundial, el evento que va a marcar a nuestra generación de una forma parecida a la que la segunda guerra marcó a nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. Nada volverá a ser lo mismo.


Esta es una lista de las cosas que quiero recuperar cuando el nuevo mundo empiece a asomar, cosas que antes me parecían habituales y rutinarias, pero que ahora me doy cuenta de lo importantes que son:

  • Quiero poder coger con alguien de Grindr o Tinder y tener una conversación postgarche sin preocuparme por que me suene el celular.

  • Tomar mate en una plaza o en un parque, sentir el césped en la piel. ¿Se acuerdan cómo se siente estar sentados en el césped?

  • Ir a comer un domingo a la casa de mis abuelos y poder abrazarlos. Hasta que empezó toda esta crisis no me había dado cuenta de lo inmensamente afortunado que soy de tener vivos a 3 de mis 4 abuelos. Quiero poder sentirme así de afortunado mucho tiempo más.

  • Almorzar con mis viejos y contestar con sinceridad todo lo que me pregunten o quieran saber de mi.

  • Salir a bailar y no volver a rechazar a ese pibe que viene intentando darme un beso hace meses. Dios como extraño los besos en la oscuridad.

Y sobre todo, no volver a rechazar una invitación a hacer after luego de una fiesta.