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  • Nenes No Lloran

No sabes el video que tengo para pasarte

Actualizado: 21 oct 2021

En algún momento de mi primera adolescencia amaba jugar al básquet, iba constantemente a una cancha que estaba a la vuelta de mi casa en un polideportivo. Ahí había chicos jugando constantemente, fue uno de los pocos espacios de socialización puramente masculinos en los que alguna vez me sentí cómodo.

Una de esas veces que fui a esa cancha para jugar al básquet me encontré con que no había nadie jugando y en vez de eso estaban todos parados alrededor de uno de los bancos que estaban al lado de la cancha. Cuando me acerque vi que miraban algo en el celular de uno de los chicos.

No recuerdo qué año fue, pero fue en ese momento en el que los celulares con cámara y pantalla a color empezaban a ser masivos. Eran la pesadilla de todos los maestros en las aulas, un solo segundo de distracción era suficiente para que todos estemos con los celulares enviándonos MP3s y videos graciosos con los infrarrojos o con los bluetooth's.

Pero esta vez era distinta. Lo que todos mis amigos de básquet estaban viendo en el celular de uno de ellos era no era algún video de un blooper o de alguna jugada maestra del fútbol. Era un vídeo porno en el que se veía a un hombre con un pene, vamos a decir “muy considerable” teniendo sexo bastante violento con una mujer. Todos mis amigos parecían hipnotizados por ese video al punto de que mi amigo tenía ya varias solicitudes en el bluetooth de su celular para reenviarle el contenido a los presentes.

Este es uno de los primeros recuerdos que tengo relacionados a la pornografía. El motivo de porque lo recuerdo tan vivamente no tiene que ver con el video en sí mismo ni con lo que el mismo mostraba, tiene que ver con que en un momento de la conversación alrededor del video uno de los chicos de básquet le pregunto a mi amigo quien le había pasado el video.

-Me lo paso mi viejo esta mañana. Respondió mi amigo, que en ese momento debe haber tenido no más de 13 años. 

En algún newsletter anterior decía que la masculinidad tóxica es como una enfermedad crónica que nos acompaña a los varones casi toda nuestra vida hasta que aprendemos a controlarla o anularla. Siguiendo esa metáfora, se podría decir que la pornografía es una de las toxinas con las que en algún momento nos cruzamos y que potencian gran parte de lo peor de esa enfermedad.

Para muchos varones la pornografía es el primer contacto que se tiene con el sexo y la sexualidad, en muchos casos es casi una escuela de sexualidad que recibimos y que reemplaza a la educación sexual nula o deficiente que recibimos en las escuelas o en nuestras casas. 

Y es una escuela de sexualidad porque ella formatea gran parte de la experiencia sexual que tenemos luego mientras crecemos. Ella nos enseña cual es el espectro posible de experiencias que podemos vivir y por ende también se encarga de hacer que ignoremos gran parte de las posibilidades que el sexo puede traer.

¿Qué es lo que ese video de 5 megas le enseño a mis amigos de básquet?. Para empezar que el sexo es una actividad en la que las mujeres están al servicio del hombre, que las mismas no pueden ser consideradas como sujetos de placer sino como meros objetos que son utilizados para la satisfacción propia.

También les enseño que el sexo también es un ejercicio de poder y de violencia, un acto en el que una persona somete a otra por placer, un ejercicio de poder egoísta en el que lo único que importa es la satisfacción propia, no importa el disfrute del otro, o incluso si el otro la está pasando mal, porque les garantizo que la mujer del video la estaba pasando extremadamente mal.

La pornografía también les enseño que el protagonista de todas las relaciones sexuales es uno solo: el pene. Todo gira alrededor de los penes y alrededor de un montón de asociaciones muy tóxicas: que tienen que ser grandes, que tienen que estar siempre erectos, que tienen que ser potentes, etc etc etc. Nos enseñan mediante pequeños videos que nuestro principal valor como varones está en un pequeño músculo que tenemos entre las piernas. ¿Qué podría salir mal?

Todo podría salir mal. Todo sale mal.

Son muchísimos los estudios que hablan sobre los efectos que la pornografía tiene en la psicología y en el desarrollo sexual de los varones. No podría resumirlos todos en este envío del newsletter, pero acá van algunos de los que creo más importantes.

Para empezar el porno nos genera una idea extremadamente distorsionada sobre lo que es un acto sexual y sobre cómo tienen que ser los protagonistas. Se me vienen a la cabeza las primeras anécdotas sexuales que rondaban en los recreos  cuando todos los varones se juntaban a hablar. Recuerdo muy puntualmente como mis amigos se quejaban de que la chica no quería chupárselas, o que tenía el pubis demasiado peludo o las tetas muy chicas, o que no se animaba a hacer tal y tal cosa. 

La relación entre porno y violencia también nos afecta mucho de forma extremadamente grave, porque nos impulsa a trasladar esa violencia a nuestros encuentros sexuales. ¿Cómo no vamos a hacerlo si hay toda una industria cultural dedicada a hacernos creer que eso es lo normal?. El porno puede muy tranquilamente ser un auténtico tutorial de abusos y violación. Hagan memoria, piensen en esas primeras anécdotas sexuales que sus amigos o que uds mismos transmitieron en charlas o conversaciones, ¿Cuántas de ellas no podrían tranquilamente ser catalogadas como abusos?

Pero además de todo eso, las ideas irreales que el porno nos transmite sobre los cuerpos, sobre el placer y sobre el consentimiento también nos afecta en una esfera muy personal: limita y distorsiona el espectro de la sexualidad al que accedemos.

El porno distorsiona nuestra idea del goce y de nuestro propio cuerpo como espacio de placer, nos limita a experiencias monótonas y violentas y excluye cualquier tipo de posibilidad que esté por fuera del sexo hegemónico y heterosexual que se define por los roles de “activos” y pasivos”. Este problema está presente incluso en la comunidad LGBTQ gracias al porno gay y lésbico.

El sexo también es político.

El sexo es una de las cosas más maravillosas que la experiencia humana puede ofrecernos. Nos permite no solo conocernos a nosotros mismos sino también a los demás. Nos abre las puertas a dimensiones de goce y placer que desconocíamos. Tener una vida sexual saludable y no distorsionada es fundamental para tener salud mental.

Pero la mayoría de nuestros varones no pueden construir esa vida sexual, porque el porno reduce sus posibilidades de exploración a muy pocos escenarios. A la larga, todos los encuentros sexuales son iguales: aburridos, monótonos, rutinarios y poco satisfactorios.

Reclamar el espacio de descubrimiento que la sexualidad puede ser es absolutamente necesario para poder sacarnos de encima a la masculinidad tóxica. Es necesario que nuestros varones tengan la posibilidad de volver a descubrirse a sí mismos y a su sexualidad de forma sana y sin distorsiones. Es necesario que descubran que el sexo puede ser muchísimo más que lo que ven en un video de 5 MB.

En un estudio de 2001, Martín Amis analiza el que por entonces era el fenómeno de la pornografía: un mercado chico y marginal que se reducía a revistas de poca tirada y VHS. En ese estudio, haciendo ejercicio de un optimismo desmedido, el dijo que la pornografía nunca podría ser mainstream, porque la pornografía “destruía las almas de las personas” y por lo tanto para volverse mainstream tendría que contaminar de forma inimaginable nuestra cultura.

Amis fue muy optimista con su visión. Pero tiene razón en algo de lo que dice; la batalla por reconquistar nuestra sexualidad es también un poco la batalla por reconquistar nuestras propias almas.