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  • Nenes No Lloran

No quiero verte con nadie más

Actualizado: 21 oct 2021


¿Cuándo fue la primera vez que sentiste celos?

En el mail anterior decía que tengo la suerte (o la mala suerte) de poder recordar con exactitud muchos episodios importante en mi vida emocional. A veces con un nivel de detalle embriagante que lastima cada vez que aparece.

Los celos son una de las emociones más básicas que podemos sentir como seres humanos. También es, a mi parecer, una de las peligrosas. ¿Cómo es sentir celos? ¿Alguna vez pensaste al respecto? Me refiero a cómo es ese proceso.

Con ayuda de algo de terapia y mucha auto reflexión yo pude identificar como funciona (o cómo funcionaba) ese proceso emocional al menos en mi caso: siempre había un detonante, una acción, un episodio, algo que “triggereaba” todo lo que venía después. Por lo general la primera reacción era una especie de shock, un “no puedo creer esto”, y luego un calor que empezaba en el estómago y se extendía hasta la parte de atrás de mi cabeza. 

¿Cuándo fue la primera vez que sentiste celos?

La primera vez que yo sentí celos (o al menos que identifique estaba celoso) tenía 13 o 14 años. Había quedado con un amigo para ir a pasar la tarde a su casa. Como se imaginaran con ese amigo me pasaban cosas, pero yo no lo sabía todavía, no había identificado la posibilidad de que otro chico me gustará, pero estaba a punto de hacerlo.

Unos minutos antes de que llegara la hora de ese encuentro, mi amigo llamó al fijo de mi casa para avisarme que no iba a poder juntarse, que tenía que hacer cosas de la escuela y los padres no lo dejaban salir. Hasta ahí todo normal. Como mi tarde de pronto se liberó decidí ir al cyber. Era la época en la que los cybers y las canchas de paddle gozaban de muy buena salud.

Cuando entre al cyber, ahí estaba mi amigo con otros chicos que no conocía, muy entretenidos jugando al counter. Salí de ahí sin que me vieran y volví a mi casa caminando apresurados. Ahí estaba el detonante, seguido del shock y de ese calor en el estómago, que llegó acompañado de miles de preguntas que seguro les son muy familiares:

¿Será que ya no me quiere como su amigo? ¿Será que se avergüenza de mí y por eso no me invitó a ir al cyber también? ¿Quiénes eran los otros chicos? ¿Serán más divertidos que yo?.

A todas las preguntas que se amontonaban en mi cabeza y que evitaban que pensará en cualquier otra cosa de repente se le sumó una más, una demoledora, una que podía cambiar todo: ¿Por qué estaba sintiendo todo esto luego de que un chico me cambiara por otros? ¿Será que ese chico me gustaba?

Los celos y mi propio autodescubrimiento de mi sexualidad estuvieron vinculados desde el minuto cero. De esto me acabo de dar cuenta mientras escribía este mail y explica muchas cosas que me pasaron después.

La vida de nuestras emociones es muy parecida a la vida de nuestros cuerpos físicos. Un día damos un primer paso que se convierte rápidamente en una audaz caminata y un día termina siendo un sprint en una maratón o un paso de baile. A nuestras emociones les pasa algo parecido, un día las despertamos, les ofrecemos ese primer paso, y antes de que nos demos cuenta están creciendo al lado nuestro, ganando complejidad y espacio dentro de nuestras mentes. 

Por eso me parece relevante la pregunta de cuándo fue la primera vez que sentiste celos, especialmente si sos hombre, muy especialmente si sos un hombre cis heterosexual. La respuesta a esa pregunta puede explicar mucho más de lo que crees.

Los celos están íntimamente vinculados con la construcción social de los roles de género y del ideal de “amor romántico”. Es imposible explicar qué son los celos sin antes tener una idea de estos otros conceptos. Pero entender el funcionamiento de los celos es fundamental para poder reconstruirlos y evitar que sigan detonando cosas malas en nosotros, al menos así fue en mi caso.

Existe una ideología del amor romántico, un sistema de ideas y creencias que establecen que el amor es una parte esencial de nuestras vidas, y que un objetivo de esas vidas es buscar eternamente a nuestra “media naranja”, a esa persona que nos completa y nos llena. Aquí está una de las primeras trampas; si tenemos que buscar a alguien que nos complete, eso quiere decir que nacemos incompletos.

Pero si nacemos incompletos, si tenemos que buscar a nuestra otra mitad, ¿Cómo es esa otra mitad?. El amor romántico dice que el amor es esencialmente binario, y que nuestra otra mitad es por una cuestión lógica opuesta a nosotros. El yin y el yang. Aquí es donde aparece en escena el concepto de los roles de género.

Los varones somos la mitad que dirige, la mitad que manda, que provee, que sale de la cueva a cazar. Las mujeres son la mitad sumisa, la que existe para satisfacer a la otra mitad y cuidar a los demás. Yin y yang.

Las ideologías son el cristal con el que vemos e interpretamos al mundo. La ideología del amor romántico es el cristal con el que concebimos a nuestras relaciones sentimentales, y es una ideología muy poderosa, reproducida durante siglos y siglos de cultura, potenciada por una industria cultural que la pone hasta en las más impensadas piezas de consumo. Fíjate en Spotify cuales fueron las últimas 10 canciones que escuchaste, puedo apostarte lo que quieras que en muchas de ellas aparece al menos alguna noción del amor romántico.

Si el amor romántico es una ideología con la que vemos e interpretamos nuestras relaciones, entonces para sostenerse, esa ideología necesita mecanismos que construyan también la realidad que vivimos, que ayuden a sostener esa realidad y a perpetrar.

Aquí es donde entran los celos.

Hacia frio, mucho frio. El lugar está atestado de gente, el piso lleno de vasos de plástico vacíos que eran pisados sin piedad hasta ser reducidos a pequeñas planchas, la música era insoportable, es de los detalles que más recuerdo: los parlantes eran muy malos y los estaban forzando al máximo, las canciones se escuchaban más como un ruido de fondo que como música en si.

En el medio de la multitud te vi besando a una chica de forma apasionada, casi como si la devoraras. Era una pasión que nunca te había visto tener conmigo en los pocos encuentros que habíamos tenido hasta entonces. Esto era mucho peor que el episodio del cyber, aquí la verdad me resultaba visible y era más cruel de lo que podía soportar: ella podía ofrecerte cosas que yo nunca podría. 

Entre muchas otras cosas, los celos también son provocados por la inseguridad que sentimos sobre nosotros mismos, por sentir que estamos incompletos y que lo que podemos “ofrecerle” a los demás será siempre inferior a lo que otros tienen.

Cuando nos volvimos a cruzar en la fiesta me dijiste que capaz en vez de venir a dormir conmigo como habíamos quedado te ibas a dormir con la chica. Creo recordar que me dijiste algo así como que era “una oportunidad” que no podías desaprovechar, me pedías que te entendiera, pero a ese momento mi cabeza estaba totalmente aturdida y desencajada. Lo único en lo que pensaba era en que no quería perder lo que tenia con vos, que era tan frágil e inmaduro, pero era lo más estable que jamás había logrado construir. 

Discutimos, discutimos un montón ahí en la fiesta y un montón más cuando finalmente terminaste volviendo conmigo a mi casa. En algún momento de la madrugada me terminaste pidiendo perdón después de que descargara en forma de llanto la terrible tormenta de inseguridad que se había acumulado dentro mío.

Durante mucho tiempo te eche la culpa solo a vos de todo eso y de como terminó definiendo la naturaleza de nuestra relación a futuro. Pero hoy puedo decir que la mayor parte de la culpa era mía: fueron en mayor parte mis propias inseguridades, mi propia idealización del “amor romántico” que capaz había entre nosotros lo que terminó siempre generando episodios como esos. 

Los celos son uno de los mecanismos con los cuales la ideología del amor romántico opera y construye nuestra realidad. Son un mecanismo que se conecta directamente con el corazón binario de esa ideología: si estamos incompletos y tenemos que buscar a nuestra otra mitad, y si en esa relación una parte domina y la otra es dominada, entonces es lógico que uno de los dos sea propiedad del otro. Los celos y todo lo que ellos desencadenan, son el mecanismo mediante el cual reafirmamos esa propiedad.

Esa ideología tiene incluso una justificación que explica porque ese sentimiento de propiedad es natural y hasta incluso sano: si siente celos por vos es porque te ama.

Pero eso no es amor: es obsesión, y es muy peligroso. Sentir que la otra persona te pertenece es algo tóxico que corrompe las relaciones y las empuja siempre a bordes peligrosos, bordes en los que es muy fácil caer.

Silvia Lamadrid dicen que los celos generan ira y rabia. Eso es lo que se me subía desde el estómago hasta la parte de atrás de la cabeza: enojo, enojo por las cosas que veía, enojo por sentir que me traicionaban, enojo por sentir que estaba incompleto. Cuando somos los varones los que sentimos celos la cosa se vuelve muy peligrosa, porque a nosotros nos educan sin enseñarnos a manejar nuestros propios sentimientos y emociones.

Todos podemos sentir celos, es natural que los experimentemos porque somos parte de este mundo y todos hemos crecido con la ideología del amor romántico bien metida en nuestras cabezas. El problema es que hacemos con esos celos, como los procesamos y los trabajamos. A los varones nunca nos enseñan a trabajar nuestras emociones y por eso cuando sentimos celos muchas veces acudimos a la única herramienta que nos han dado para manejarnos en la vida: la violencia.

El amor romántico nos dice que el amor es propiedad, es completarnos cuando estamos incompletos, es un juego de roles donde hay algunos que mandan y otros que se someten. Esta idea es tan poderosa que a pesar de estar  cimentada sobre las relaciones entre hombres y mujeres termina contaminando también las relaciones que escapan a esa norma.

Durante toda mi adolescencia y durante gran parte de lo que podríamos llamar mi “adultez joven” construí relaciones que se explicaban más en base a esos binarismos, porque es lo que me habían enseñado a construir. Es muy difícil construir algo que no existe en nuestras cabezas. 

Pero con el tiempo (y con mucha terapia) aprendí que nuestra felicidad no puede depender de alguien más. Que para construir relaciones sanas y  equilibradas tenemos que sacarnos los cristales del amor romántico y animarnos a nadar en las aguas de todo lo que no conocemos, animarnos a construir vínculos nuevos que no existieron en el pasado.

El amor es una de las cosas más maravillosas que podemos experimentar. El amor puede ser transformación, puede ser sanador; el amor puede ser revolucionario.

Pero para que lo sea, tenemos que descartar todas las ideas y construcciones culturales que nos pusieron en la cabeza. Y esto especialmente tenemos que hacerlo los varones, porque es a través de nosotros que las estructuras más tóxicas del amor romántico se reproducen.

Aprender a construir relaciones de otra forma es difícil. Muy difícil, pero es la única forma que tenemos de empezar a amar y enamorarnos de otras formas. Para poder lograr todo eso, los celos son uno de los primeros juguetes que tenemos que desechar.