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  • Nenes No Lloran

La decepcionante historia de Carmen Mola.

Siempre sentí una obsesión por la vida de los escritores que me gustan, me fascina conocer sus historias, sus padeceres, sus dolores y la lucha que tuvieron que llevar adelante para lograr ser publicados y reconocidos. La historia de un escritor (o de una escritora) es siempre la historia de una perseverancia que un psiquiatra juzgaría como neurótica, entrar al mundo editorial es difícil si no tenés contactos o un nombre ya formado. La mayor parte de las veces los nuevos escritores logran entrar gracias a una gran mezcla de suerte y caos. El amigo del amigo de un cuñado les presenta un agente y desde ahí todo es relativamente fácil.

Consumo de forma desquiciada cualquier cosa que me permite conocer esas historias. Me leí en días el libro en el que Stephen King cuenta cómo logró pasar de publicar en pequeñas revistas de ciencia ficción a ser el autor reconocido que es hoy, todos los videos en los que Mariana Enríquez cuenta como le publicaron su primera novela Bajar es lo Peor cuando era adolescente me encantan. Puedo rastrear esta fascinación a mi preadolescencia, cuando me adentré en el maravilloso mundo de Harry Potter y gracias a eso conocí también la historia de su autora, que es casi o incluso más mágica que la del mago con cicatriz en la frente. Una autora pobre que empezó a escribir su obra maestra en una servilleta. Es hermoso. Hoy por supuesto a Rowling la tenemos medio cancelada por TeRF. Pero bueno, esa es otra historia.

La historia de la que quería hablarte hoy es la de Carmen Mola. Una escritora española que apareció en 2018 con una serie de novelas policiacas que conquistaron a los lectores muy rápidamente. El gran secreto de su éxito estaba en los temas que tratan sus novelas: casos de violencia de género, femicidios, trata de personas, es decir, todas temáticas que uno podría decir que son actuales porque son relevantes para el feminismo.

La protagonista de todas sus novelas es Elena Blanco, una detective sobre la que caen los peores casos de violencia y abuso que te puedas imaginar. Entre 2018 y 2020 Carmen sacó tres novelas que llegaron a vender un total de 250.000 ejemplares, fueron traducidas además a 8 idiomas y están siendo adaptadas a cine y televisión por distintas productoras. Su éxito fue arrollador.

Nadie sabía quién era Carmen Mola. Ese nombre era un pseudónimo utilizado por alguien más. Esto no es para nada raro en el mundo literario, son muchísimos los autores que por uno u otro motivo eligen empezar a publicar usando pseudónimos, muchos de ellos incluso nunca revelan sus identidades reales y quedan como un misterio para siempre. Elena Ferrante es uno de esos casos, es una de las autoras más potentes de Europa y hasta el día de hoy nadie sabe quien es, hay infinidad de teorías al respecto, ninguna confirmada.

En las distintas entrevistas que le hicieron a Carmen (todas por escrito, por supuesto) ella solía explicar que prefería mantenerse en el anonimato para evitar que su círculo cercano la juzgue por los contenidos de sus novelas, que en algunos casos podían ser catalogados como auténtico gore. En otras notas también afirmaba ser una profesora universitaria que vive con su familia en Madrid. Probablemente en estos pequeños relatos también se escondía parte del éxito de Carmen, la neblina de misterio que la rodeaba era muy seductora.

“Te aseguro que llevo una vida de lo más tranquila. Nunca he conocido a un asesino y espero seguir así para siempre. Todo sale de mi imaginación y del bombardeo constante de historias de todo tipo que soportamos: periódicos, noticias de la tele, internet… A eso supongo que hay que unirle cierta curiosidad malsana por todo lo prohibido.” Decía Carmen en una entrevista que le hicieron para la Revista GQ. Su construcción de personaje era perfecta, tan perfecta que hasta incluso las teorías que aparecían sobre su identidad eran coherentes con ese personaje, llegó a incluso a rumorearse que Carmen era ni más ni menos que Manuela Carmena, la ex-alcaldesa de Madrid con un largo historial de activismo en el feminismo.

Detrás de toda gran mujer…

Este año una de las novelas de Carmen fue nominada para el Premio Planeta de Novela, uno de los galardones más importantes de la literatura en español, cuyo jugoso premio es de casi un millón de euros. Tremendo como una cifra de esas magnitudes puede hacer tambalear el compromiso con un relato que se viene construyendo quirúrgicamente.

Cuando anunciaron que Carmen había ganado el premio y se empezó a organizar la ceremonia para su premiación las especulaciones explotaron al instante. Finalmente el mundo iba a conocer la identidad de la autora española que venía conquistando el mercado desde hace tres años. ¿Cómo sería el rostro de esa mujer misteriosa? ¿Sería en verdad una desconocida profesora universitaria como ella misma decía? ¿Sería la ex-alcaldesa de Madrid la que se presentará a recibir el premio?. Como siempre, la realidad suele ser mucho más sorprendente de lo que imaginamos, y en muchos casos también mucho más horrenda.

Tres hombres fueron los que se presentaron a recibir el premio admitiendo estar detrás del pseudónimo de Carmen Mola. Tres hombres blancos, cis y heterosexuales. Tres hombres con antecedentes en el mundo editorial. Tres hombres eran en realidad la mujer que escribía novelas negras de temática feminista. Tres hombres fueron los que recibieron casi un millón de euros por escribir novelas sobre violencia de género que se habían colado exitosamente en las bibliotecas feministas más exigentes de todas.

Que bajón enterarte que una escritora misteriosa que idolatrabas es en realidad un grupito de hombres tristes…

El caso de Carmen Mola es paradigmático porque hasta hace no mucho tiempo eran las autoras mujeres las que tenían que esconderse detrás de seudónimos masculinos para poder ser publicadas. El mercado editorial despreciaba cualquier cosa que estuviese escrita por plumas femeninas, disfrazarse de varones era la única forma que tenían para poder publicar su obra. El de la autora de Harry Potter es un caso paradigmático de eso: en vez de firmar con su nombre completo, su editorial le pidió que firmará solo con sus iniciales “J. K. Rowling”, de esa forma el nombre parecía masculino y no iba a “espantar” a potenciales lectores.

Lo de Carmen Mola fue precisamente al revés de la tendencia histórica. En una nota horrenda, un periodista del portal derechista La Prensa dice que esto se explica porque el mercado editorial actual discrimina a los varones y prefiere a las autoras mujeres. Si bien es cierto que en los últimos años hay un gran surgimiento de autoras en toda Iberoamérica, la verdad es que el mercado sigue estando igual de inundado de testosterona que siempre. Estos tres hombrecitos que se crearon una identidad femenina para publicar no lo hicieron porque se sintieran discriminados; lo hicieron porque sabían que iban a vender más de esa forma.

Era una treta publicitaria. Iba a ser mucho más fácil comercializar libros sobre femicidios y violencia de género si los firmaba una mujer, después de todo, ¿Quién mejor que una mujer para escribir sobre esas cosas?.

Creo que hay algo de mérito en la idea de que para escribir de ciertas cosas tenés que haberlas vivido. Uno de los temas sobre los que más me piden que escriba en este newsletter es identidades no binarias, y no me siento cómodo al respecto por la sencilla razón de que no soy no binario y nunca podría escribir correctamente sobre fenómenos que nunca viví ni voy a vivir.

También creo que no está mal aventurarse por fuera de las propias fronteras individuales y escribir sobre cosas que se llegan a conocer gracias a la investigación y la imaginación. Uno de mis libros favoritos de Vargas Llosa es El Sueño del Celta, que cuenta la historia de un revolucionario irlandés homosexual. Vargas Llosa no es ni irlandés, ni homosexual y mucho menos revolucionario, y sin embargo la novela que escribió es hermosa. Un buen escritor puede ponerse en otras pieles para construir sus historias, eso no solo está mal y quienes logran cultivar esa habilidad crean historias maravillosas.

Lo que está mal es hacer eso y cubrirlo con un montón de marketing de cartón para poder vender más. Es bastante probable que los tres hombrecitos que crearon a Carmen Mola nunca hubieran llegado a vender tantas copias si hubieran firmado con sus nombres reales. Es probable también que nunca hubiesen ganado el Premio Planeta de Novela. Tuvieron éxito sólo porque fingieron ser algo que no eran, ocupando el lugar de alguien más, el lugar que otra persona podría haber ocupado de forma más legítima.

Allá afuera, es probable que haya alguna Carmen Mola real luchando porque el mundo editorial la tome en serio, esa Carmen Mola seguramente lea la historia de los tres hombrecitos y sienta que le corrieron varios metros el final de la carrera. Detrás de estas injusticias se revela la verdad con la que no nos gusta lidiar demasiado: el mundo sigue siendo una mierda aunque a veces parezca que no lo es.