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  • Nenes No Lloran

Eso es de putos, bro

Actualizado: 21 oct 2021

Los mecanismos para que te odies a vos mismo u odies a los demás te agarran de muy chiquito. Empiezan ese día que alguien te dice que bailar es de putos, que escuchas en la tele que los homosexuales son pervertidos, o cuando en la escuela te dicen que los travestis tienen una enfermedad mental.

Ese día algo empieza a cambiar en tu cabeza, ese día te sugestionan para siempre de formas inimaginables y las estructuras que empiezan a crecer dentro tuyo después tardan un montón de tiempo en ser desmontadas. A veces puede que nunca logres desmontarlas del todo.

La homofobia, la lesbofobia, la bifobia, la transfobia, son todas palabras para describir un mismo fenómeno: el odio y el miedo instintivo que cualquier orientación sexual u identidad de género que se desvíen de la norma generan en muchísimas personas.

¿Por qué nuestras existencias son una amenaza y una causa de miedo para tantas personas? ¿Por qué nos condenan a ser odiados y segragados durante gran parte de nuestras vidas?.

Este newsletter empezó siendo desde sus inicios un newsletter sobre masculinidades. Las masculinidades que heredamos y que nos condenan a muchísimo sufrimiento y también las nuevas masculinidades, esas que intentamos descubrir y construir.

El odio y la discriminación por orientación sexual o por identidad de genero están íntimamente vinculados con la masculinidad. Ambos fenómenos se retroalimentan y se regeneran mutuamente en una relación simbiótica muy difícil de romper.

Si viviste la experiencia de haber vivido tu niñez y adolescencia como un varón cis entonces seguro sabes muy bien de que te hablo. La palabra “puto” esta presente desde muy temprano en nuestras vidas, a veces hasta aprendemos que significa antes de haber aprendido el significado de otras palabras mucho más importantes. 

La homofobia es un elemento central dentro del patriarcado y dentro de la ideología toxica que alimenta los mandatos hegemonías de masculinidad. Muchos dicen que es paradójico llamarle “fobia” a algo que es esencialmente un odio desmedido, pero la realidad es que el termino no está tan mal usado. Ellos no nos odian, o quizás si, pero no es solo odio lo que los moviliza. La realidad es que también nos tienen miedo.

La homofobia no es solo el odio a una orientación sexual, hacia los gays, lesbianas, bisexuales, queers, travestis o trans; la homofobia también es el miedo que muchos sienten porque alguien los considere distintos.

El patriarcado nos enseña a los varones a autocontrolarnos entre nosotros, a perpetuar de forma toxica y dañina los cimientos de nuestra propia opresión. Por eso un acto de homofobia es siempre un acto motorizado por el miedo a no encajar, a que la próxima vez seamos nosotros mismos los que seamos señalados como putos, como desviados, o pervertidos. Cualquier varón cis aprende a los 6 años que ser puto es algo malo, que cuando te dicen puto la reacción “normal y aceptable” es reafirmar tu propia masculinidad mediante violencia o agresión. Quizás por eso “puto el que lee” sea una de las boludeces que más escriben los adolescentes en las paredes y los bancos de las escuelas, como una forma constante de reafirmar lo que uno no es, de recordarnos cual es el lugar que ocupamos en el mundo y de reprimir cualquier desviación o forma alternativa de existencia.

Todo esto es un fenómeno muy documentado por la psicología, la antropología y la sociología. Un acto de homolesbotransfobia dice mucho más de aquel que lo ejecuta que de sus victimas, aunque siempre seamos las victimas las que tenemos que soportar el daño más grande. Cuando discriminas a alguien por su orientación sexual lo que haces en el fondo es reafirmar lo que vos “sos” mostrando aquello que “no sos”. Muy en el fondo, ser un homolesbotransodiante es ser una persona profundamente insegura, que solo puede definirse odiando a los demás.

Cuando empecé a escribir este mail intente recordar cuando fue la primera vez que me enseñaron que ser puto está mal. Es un ejercicio que intento hacer cada tanto pero nunca logro recordar ese primer episodio de mi vida, es algo que me frustra porque (como habrán notado) suelo tener una excelente memoria de muchas de las cosas más transcendentales de mi vida, pero este episodio en particular siempre se me escapa.

Sin embargo, aunque no logre recordarlo sus efectos distorsionaron mi propio autoestima durante gran parte de mi infancia y de mi adolescencia. Yo también fui un homófobo. No fue hasta mis 14 o 15 años que me di cuenta de lo mal que estaban mis ideas, pero hasta entonces estaba convencido de que ser de la comunidad LGBTQ era esencialmente ser un enfermo o un pervertido. Tengo recuerdos muy vivos de reproducir en conversaciones ideas o pensamientos que hoy no podría tolerar escuchar de nadie. Me enseñaron a odiarme a mi mismo y al hacerlo también me condenaron a no poder ser yo mismo durante gran parte de mi vida.

Las heridas que nos causa la discriminación por nuestra orientación sexual o nuestra identidad de genero son tan profundas que a veces podemos pasarnos toda nuestra vida sin lograr sanarlas del todo. Nadie debería ser obligado a odiarse a si mismo. Yo ya me canse de soportar que otros cuestionen mi existencia…