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  • Nenes No Lloran

Es la guitarra de Lolo.

La música suele ser parte de nuestras vidas desde muy chicos, a veces, literalmente como el sonido de fondo de lo que nos va pasando, en algún momento en el secundario se volvió completamente transversal a todo lo que pasaba en mi curso. Había disputas, códigos y valores que solo se podían explicar a partir de lo que cada uno escuchaba.

Estaban los que escuchaban rock nacional y llevaban discos de La Renga o Los Redondos al aula, estaban quienes se inclinaban más por el pop latino, como mis compañeras que empezaron a hacer danza árabe luego de que Shakira sacará Ojos Así, estaban los fundamentalistas del rock en ingles que solo escuchan The Beatles o Pink Floyd y también estaban los nostálgicos de los 60 y 70,que analizaban hasta el cansancio las letras de Seru Giran y Almendra. Varían los estilos y los fanatismos, pero la música nos unía a todos.

En ese contexto apareció Miranda! en mi vida, con una fuerza electro-pop plagada de colores, lenguaje banal y flashes de boliches. Me acuerdo que los primeros singles que se volvieron populares del grupo eran tomados casi como un chiste. Eran graciosos y eso los volvía exitosos. “Es la guitarra de Lolo” sonaba en algún parlante durante los recreos y todos hacían de cuenta que tenían una guitarra en la mano.

Pero había algo más, algo en las letras que se conectaba a mi cabeza, evocando cosas que ni yo sabía que tenía ahí dentro. Creo que la música muchas veces cumple esa función en nuestras vidas: la de conectarnos con rincones de nuestros sentimientos que tenemos archivados, trayéndolos a la luz, forzándonos a reconocerlos y lidiar con ellos. Sin Restricciones fue el primer disco de Miranda! que escuche, prácticamente a las escondidas, porque un varón escuchando pop durante la secundaria a inicios de los 2000 no era precisamente una imagen aceptable.

Todavía no sabía si me gustaban las chicas o los chicos, pero algo de todo eso se me empezaba a plantear como un debate, me sorprendía a mí mismo fantaseando con algunos de mis compañeros, planteando situaciones que no sabía si eran pensamientos propios de alguien que quería mucho a sus amigos o si en realidad era otra cosa, algo impronunciable. “Yo te dire lo que podemos hacer, amémonos a escondidas, nena, estemos donde nadie este”.

Las formas del amor de las que ya no nos gusta hablar.

Decir que la música y el amor suelen venir de la mano es casi un cliché, pero lo de que no hablamos tanto es de cómo esa relación se fue complejizando con el tiempo. Las letras de amor empezaron a hacerse cada vez más y más metafóricas, repletas de lenguaje críptico que invitan a uno a resolverlas, nunca fui un gran fan de Spinetta por esto mismo, todas sus canciones me parecían un crucigrama que hay que resolver.

Termine después de desarrollando una obsesión por Taylor Swift, sus canciones son claras y precisas, con metáforas sencillas que no requieren un posgrado en letras para entenderlas, pero que no por eso dejan de ser menos hermosas. La simpleza es su propia forma de belleza, y la mayor parte de las veces sintetizar belleza en un mensaje simple es infinitamente más difícil que escribir cuestiones complejas.

En su relación con el amor las letras de Miranda son tremendamente terrenales, describiendo siempre un amor banal, normal, casi grasa, un amor del que en los últimos tiempos sentimos culpa de hablar, porque es el amor que tenemos, el que sentimos y toleramos, un amor que todavía no entiende muy bien de deconstrucciones y relaciones sanas, en pocas palabras, el amor que nos enseñaron a construir, no el que nos gustaría construir efectivamente.

Todas las historias de amor están unidas a una canción” dice Ale Sergi en una entrevista. Todas las historias de amor pueden tener una canción, pero la mayor parte de las veces no es la canción que nos gustaría, porque casi nunca tenemos los romances que nos imaginamos mientras miramos al techo antes de dormir, el romance que nos ocurre es solo el que nos ocurre. Miranda! le canta a ese tipo de romances, los reales, los que están llenos de irrealidades, obsesiones, celos y momentos de pasión indescriptibles que se van quemando en pequeñas hogueras.

“El CD que habíamos compilado para hacer el amor, ayer fue mi disco favorito y hoy es lo más triste que hoy”.

Acá va una pequeña verdad: todos hemos sufrido por amor, todos hemos sentido como nuestro corazón se rompía en miles de pedazos llenándonos de un dolor que parece infinito. Todos, también, nos hemos ilusionado por amor, construyendo pequeños futuros en nuestra cabeza que muchas veces luego caen como castillos de naipes. El amor y la inmensa escala de sensaciones que lo acompaña es una de esas cosas que son completamente universales para toda la especie humana.

Miranda! irrumpió en Argentina como una banda electro-pop melodramática. Era un Pokémon rarísimo en un ambiente dominado por bandas de rock que hacían un culto exagerado de la masculinidad de inicios del nuevo milenio: trash, casi punk, antisistema. Quizás gran parte de su éxito inicial fue por eso, en una época donde parecía que toda la música debía ser política para ser exitosa, Miranda! aparece con canciones terrenales y banales, extremadamente performativas y acompañadas de sonidos poco comunes para la escena musical del momento. No debe ser casualidad que uno de los primeros reconocimientos que obtienen de la industria musical vino de Gustavo Cerati, que con su Soda Stereo supo ser el contraste a los sonidos contraculturales que propiciaban Los Redondos en los 90.

Miranda! debe haber sido de las primeras bandas en Argentina en crecer gracias a la penetración de internet y la informática. Recuerdo perfectamente como sus primeros CDs me llegaban en copias pirateadas o en archivos MP3 que nos pasábamos en pendrives. Así como en su momento Los Redondos crecieron gracias a un boca a boca que transmitía donde y cuando se hacían sus recitales, Miranda! creció al calor de una cultura digital que daba sus primeros pasos.

Esto luego fue aprovechado también en la misma estrategia de marketing del grupo, con producciones fotográficas y audiovisuales rupturistas, pensadas para la viralización y la expansión orgánica. El video de Romix, por ejemplo, se hizo con fans que fueron convocados por la web oficial de la banda. En algún momento dijeron de ellos que eran “Los Pimpinelas del nuevo milenio”. Por esta relación tan simbiótica con lo digital, el título debería quedarles bastante cómodo.

El grupo fue pasando por distintas formaciones hasta que de la inicial solo quedaron Ale Sergi y Juliana Gattas, quienes son también sus cantantes. De grupo a quedaron en dueto. Los fans especularon muchísimo sobre una supuesta relación entre ambos, y aunque en una entrevista confesaron que salieron casi 6 meses antes de la formación de la banda, la realidad es que hoy funcionan más como dupla creativa que como pareja formal, aunque por ahí la frontera de las dos cosas no sea distinguible.

El otro gran rumor que atravesó a la banda fueron los cuestionamientos sobre la sexualidad de Ale Sergi. Amanerado, escritor de letras dramáticas impropias para la masculinidad tradicional, su heterosexualidad parece algo difícil de aceptar. Toda una afrenta para las formas hegemónicas de ser varón, lo que es en sí mismo un valor interesante.

Recuperar la autoestima nacional a base de música pop.

Miranda! nació en un momento de mierda para Argentina. Pleno 2001, crisis económica, pobreza y desocupación en aumento, una crisis política e institucional en el horizonte. Los años que siguieron fueron de depresión y recuperación a cuentagotas. La autoestima social estaba por el piso.

“No había boliches, solo fiestas en casas” decía al respecto Juliana Gattas en una entrevista. Es loco como en los peores momentos de autoestima social la música aparece como un tónico capaz de hacer más llevadero el infierno. Hay algo muy humano de poner la música cuando nos gusta para sentirnos menos tristes y más acompañados. Toda la etapa 2001-2003 fue un inmenso periodo de terapia colectiva para el país. En la sala de terapia de Argentina, Miranda! fue parte esencial del soundtrack.

Bailar era como ir al psicólogo” dice también Juliana sobre esa etapa.

Quizás Miranda! fue la banda que llevó a toda una nación a hacer terapia musical. Quizás por eso su éxito fue tan repentino y se mantiene hasta el día de hoy. Quizás por eso sus temas son los que más enloquecen a la gente en las fiestas LGBTIQ+. Quizás por eso su música nos haga tan bien, aunque nos ponga en contacto con todo lo que preferimos reprimir.