Esta es una versión incompleta de un texto recibido por las personas que están suscriptas a Los Nenes No Lloran.

Si querés recibir mis escritos de forma completa podes suscribirte con tu mail apretando en el botón de abajo. Los mails salen todos los domingos a las 13:30 y la suscripción es completamente gratuita.

Algunos de los posts de la web tienen errores de redacción que todavía estoy en proceso de corregir. Te pido disculpas si encontras alguno.

  • Nenes No Lloran

Era como cruzar la puerta hacia Narnia

Actualizado: 21 oct 2021

FiestaLas luces del antro estaban enceguecedoras, como siempre. A veces el brillo generaba contrastes entre la luz y la oscuridad que eran difíciles de procesar visualmente. Pero son un poco esos contrastes lo que vamos a buscar a esos lugares.

La música, siempre al máximo, los equipos siempre luchaban con los agudos de algunas canciones, ya se los notaba bastante cansados cuando empecé a ir ahí. Y sin embargo todo parecía mágico, cada vez que iba era como si entrara a Narnia por la puerta del armario. Todo ahí dentro parecía sacado de otra dimensión.

La gente maquillada, sin importar el género, a veces con maquillaje que parecía profesional, que denotaba horas de trabajo y dedicación. Otras con un maquillaje más amateur, un poco de base y highlight para ocultar esas imperfecciones que todos odiamos y resaltar algunas facciones. Era bastante fácil detectar a los que se habían maquillado en plena previa.

Y el glitter, por favor, que lindo fue descubrir el glitter y sus destellos cuando eran iluminados por las luces del lugar, como pequeños guiños en la oscuridad que invitaban a algo más. Todos somos más lindos con algo de glitter encima, esa es simplemente una de las reglas básicas del universo.

En una de esas salidas tuve mi encuentro con vos. Recuerdo que no había ido con muchas expectativas de conocer o chapar con alguien esa noche. Tal era mi frustración al respecto que ese día ni siquiera intente vestirme bien. Me puse una chomba medio pelo y termine saliendo más por la insistencia de algunos amigos que por otra cosa.

En algún momento de la noche cruzamos miradas, primero de forma fugaz, después de forma más insistente. Notaba que me mirabas constantemente y no entendía porque. Siempre yo tan rápido e inteligente para este tipo de cosas.

La música seguía sonando, en algún momento de las vueltas y vueltas en el lugar nos cruzamos de frente y me encaraste, seguramente ayudado por la euforia y las desinhibiciones que el alcohol provoca en todos. No tenía ninguna intención de rechazarte. En menos de 5 segundos estábamos chapando en el medio de la pista. 

Había visto a otros hacerlo y nunca había podido experimentarlo. Son de esas cosas que los putos, travas, lesbianas y demases vivimos de forma distinta que el resto de los mortales. Nos tocó crecer viendo como nuestros amigos heteros lo hacen naturalmente a muy temprana edad, en alguna fiesta del secundario, en la fiesta de egresados o en algún boliche en el viaje a Bariloche.

Y ahí, de forma anónima y rodeado de un montón de gente, entendí lo mágico de besarte con un desconocido, la libertad que sentís en ese momento cuando nadie te juzga, cuando sabes que nadie alrededor te mira de forma negativa o se prepara para enfrentarte o para ir a decirle a alguien de seguridad que dos putos están arruinando el ambiente. 

Estuvimos chapando un rato largo, en algún momento me dijiste de ir a otro lado y yo no dude en decirte que en mi depto no había nadie. Salimos a la calle sin dejar de besarnos ni un segundo. En el taxi me tomaste de la mano, fue la primera vez que me tome de la mano con otro hombre en la calle.

Antes de llegar me dijiste que le avisará a mis amigos que me había ido, que no daba dejarlos colgados. Es muy fácil identificar a una buena persona, si te dice algo así no cabe duda de que lo es.

Después de nuestro encuentro dijimos de volver a hablarnos pero nunca lo hicimos. En los días siguientes me sentí un toque decepcionado por eso, pero comprendí que esa siempre había sido una posibilidad, y que es mejor aceptarla.

La próxima vez que pase por las puertas de Narnia tenía mucha más seguridad encima. Finalmente entendí que es lo que íbamos a buscar a lugares como esos: un pequeño espacio de libertad a donde recuperar las cosas que nos fueron negadas anteriormente.

Un espacio donde poder ser nosotros mismos y sentirnos seguros.