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  • Nenes No Lloran

El Corazón Con Agujeritos.

El amor es siempre la construcción de un mundo, dice Alain Badiou. Si eso es así, entonces el fin de un amor es el derrumbe de un mundo, la caída de un edificio antes de que podamos salir a salvo de el. Quizás por eso una ruptura es tan sofocante, porque es encontrarte de pronto atrapado entre los escombros de un lugar que antes te protegía, intentando respirar mientras te preguntas si los equipos de emergencia estarán llegando para salvarte, o si ese va a ser tu final. No hay derrumbes planificados en el fin de un amor, no hay empresas especiales que ponen un perímetro y a través de explosiones controladas provocan la caída de la estructura para luego hacer un video al respecto que se viraliza en Tik-Tok. El derrumbe de un amor es siempre un derrumbe violento, y si no lo es, capaz ni siquiera era amor.

Estábamos en Río de Janeiro. Era la segunda vez que nos íbamos de vacaciones juntos, la primera había sido excelente y había ayudado a que ambos, de una vez por todas, nos sintamos cómodos en la relación. Yo había esperado a que este nuevo viaje ayudará a acomodar nuevamente el vínculo, que nos permitiera superar esos pequeños obstáculos que aún nos bloqueaba el camino y que a mi me desesperaban. A él le había costado horrores admitir que lo nuestro era un noviazgo, fue una palabra que le arrebate a fuerza de mucha insistencia, pero era una palabra clandestina, una que ocultamos a los demás. Él era mi novio, pero nadie más podía saberlo.

Nos mirábamos en la habitación oscura del Airbnb. En las fotos era perfecto y tenía una hermosa vista a Copacabana, en la realidad las luces no andaban, los muebles estaban cubiertos de polvo y las sábanas tenían olor a cosas impronunciables. No era como lo habíamos imaginado, igual que nuestra relación.

—Vos me tenés que entender—me dijo con los ojos llorosos—no estoy listo para que otros sepan de lo nuestro, no me siento cómodo, dame más tiempo por favor.

Me sentía atrapado, sentía que una montaña de cosas me apretaban el pecho y no me dejaban respirar. Aún no lo sabía, pero ya en ese instante la estructura se había desmoronado, estaba atrapado entre los ladrillos de nuestro edificio a medio construir. Él nunca lo supo, pero ese día me rompió el corazón, ese día rompió la ilusión que sostiene lo que sentía por él. En esa conversación me di cuenta que lo nuestro iba a ser clandestino por siempre, que él nunca iba a poder aceptar lo que era ni lo que sentía por mi, que nunca se iba a enfrentar a su familia conmigo de la mano, dispuesto a tacklear a cualquiera con tal de defender nuestro amor. Todo eso se esfumó y yo me sentí entre la espada y la pared de tener que elegir seguir viviendo en esa estructura colapsada, resignandome a que nunca iba a ser el brillante edificio en una colina que había imaginado, o irme y dejarlo a él con los escombros.

—Creo que nos tenemos que tomar un tiempo— le escribí varias semanas después por WhatsApp, luego de que él me preguntará si me pasaba algo. Ya en ese momento sabía que “el tiempo” iba a ser eterno, que no me interesaba volver a las ruinas, quería correr y dejarlo todo atrás, quería demostrarme a mí mismo que podía construir edificios nuevos, edificios que no se derrumbaran.

Nunca supe cómo se tomó él nuestra ruptura, nunca supe si estaba triste, si también se sintió atrapado, si me echaba la culpa a mi. Nunca supe si con ese mensaje le rompí el corazón de la misma forma en la que él me lo había roto a mi en Río de Janeiro.

¿A dónde van los amores que fracasan? ¿Qué oscuro rincón de nuestro corazón ocupan mientras nos matan por dentro?.

Durante mucho tiempo pensé que esa relación me había dejado incapaz de construir nuevos mundos, todos los vínculos que inicie después de ese se vieron afectados de una u otra forma por los vicios que me quedaron de el. Me frustraba y no sabía cómo resolverlo.

Ves en Instagram historias de otras parejas, ves como se besan y como presumen su amor y te preguntas porque no pudiste tener eso, porque no pudiste construir un amor que valiera la pena presumir en redes sociales. ¿Será que no te lo mereces?.

Bell Hooks dice que la incapacidad de asumir la responsabilidad del dolor que causamos también genera incapacidad de amar, especialmente en los hombres, que somos educados desde chiquitos para ser totalmente irresponsables de todos los cadáveres emocionales que dejamos en el camino. Estaba tan herido por las ilusiones incumplidas que no pude ver el daño que yo mismo también había causado, no me di cuenta de que esas heridas seguían volviendo a mi. No fue hasta que me reconcilie con ellas que pude aprender a construir otro tipo de edificios. La historia de mi corazón roto es la historia de un aprendizaje que me llevó años procesar, y que aún al día de hoy me sigue sorprendiendo con algunas lecciones sorpresas que no me había imaginado.

Pero muchas veces las historias de corazones rotos no son sobre aprendizajes, muchas veces son sobre un tipo de dolor insoportable, que te penetra la piel y no te permite pensar, que te inhabilita por completo. Alan Badiou dice que amar es una de las experiencias más dolorosas de la vida subjetiva, y tiene razón. A veces tan dolorosa que no podés sacar nada bueno de ella, es imposible aprender algo cuando estás en el medio de una cámara de tortura.

Los Llanos es una de las mejores novelas que leí este año. En ella Federico Falco escribe sobre un chico que se exilia a una pequeña huerta en el campo luego de que su novio por siete años rompiera con él sorpresivamente. Es cruda, muy cruda, una larga exposición de sentimientos que a veces parece una auténtica carnicería. Luego de leerla me obsesione un poco con saber si era una historia real de Federico o no, tenía que serlo, esos no podían ser sentimientos prefabricados. En las entrevistas que vi sobre la novela Federico nunca habla directamente sobre el tema.

“Encontrar a Ciro fue encontrar con quien hablar, con quien dejar de hacer silencio. Y fue encontrar su cuerpo, que se llevaba tan bien como el mío.”

Las historias más dolorosas de corazones rotos no empiezan en el momento de la ruptura, empiezan mucho antes, cuando las ilusiones empiezan a nacer, cuando todo es mariposas en el estómago y te convences de que esa persona es la indicada. Cuando empezas a montar la estructura de ese mundo que luego va a colapsar.

Por eso Los Llanos es tan hermosa, su personaje principal se pasa todo el libro recordando esos primeros momentos de la relación, cuando todo era mágico y olía a futuro. Una persona con el corazón roto está atrapada en el tiempo, reviviendo constantemente todo aquello que fue y que luego no pudo ser.

“Era como si lo conociera de otra vida, como si nuestras infancias se complementarán, como si no hiciera falta decirse absolutamente nada y estuviera todo claro desde siempre.”

La historia de Los Llanos es la historia de una interrupción abrupta, de una historia que quedó a medio escribir, con uno de sus protagonistas atrapado entre sus páginas y el otro huyendo sin mirar hacia atrás.

“Dijo: ahora cada cual va a seguir con su vida y algún día, después de muchos años, por casualidad nos vamos a cruzar en algún lugar, en algún cumpleaños, en la presentación de algún libro, un lugar con mucha gente, y nos vamos a mirar por sobre todas las cabezas y nos vamos a saludar con apenas un gesto y no va a ser ni siquiera necesario hablar.

Dijo: yo voy a saber todo de vos. Vos vas a saber todo de mi. Siempre vas a ser la única persona en el mundo que me conoce de verdad.”

Se habla mucho estos días de responsabilidad emocional, creo que hay muchos tipos de responsabilidad emocional y que todas son igualmente deseables. Pero muchas veces no son exigibles, especialmente cuando estás por romper una relación y no tenés la más remota idea de como hacerlo correctamente, podés aspirar a ser humano, a hacerlo con delicadeza, a contener los sentimientos del otro, pero nunca vas a estar listo del todo, nunca va a ser aséptico e higiénico. “Qué importan las formas, que importan las maneras, fueron las únicas que encontré” le dice su ahora ex-novio al protagonista de Los Llanos y yo no puedo evitar pensar en los mensajes que mandé luego de ese viaje a Río de Janeiro. Fue lo que pude, lo que salió, quizás no estuvo bien, pero no habría sabido hacerlo de otra forma.

“¿Dónde voy a encontrar a otro como él? ¿Si no me quiere él quién más podrá quererme?.”

Un corazón roto quizás nunca deje de sangrar, quizás nunca deje de preguntarse qué hizo mal, quizás nunca aprenda que hay otros mundos esperando ser construidos allá afuera. Esa fatalidad, es por lejos, la más dolorosa de todas.

Un corazón roto se siente en el cuerpo, se siente en las ausencias, como el colchón que extraña el peso de ese cuerpo que ya no lo va a habitar nunca más, como ese cepillo de dientes abandonado en el baño que no te animas a tirar, como esa cajita con recuerdos que guardas en el fondo del armario con fotos, entradas viejas de cine y alguna flor disecada, esa cajita que te da miedo abrir.

“Vuelvo cansado

por las noches

me acurruco en mi cama

revivo todos los orgasmos

que tuvimos juntos.”

Tomás Litta - Frutos Rojos.

Creo que la poesía es por excelencia el lenguaje de los corazones rotos, y quizás sea una de las formas más dolorosas de expresión. Algunos no pueden con el dolor que llevan dentro y golpean la pared con sus puños, otros dejan que el dolor salga de adentro y se transforme en palabras. Ninguna de las dos formas agota las fuentes del dolor, el dolor es infinito y por eso es tan insoportable.

A veces es sencillamente imposible curar a un corazón roto, las heridas nunca se cierran del todo, lo único que podemos hacer es limpiarlas una y otra vez, hablar con ellas, evitar que se infecten, esperando a que algún día dejen de sangrar. Brigitte Vasallo habla mucho de las redes de cuidado, de las formas que el amor puede tomar y que a veces son menospreciadas en comparación con el amor romántico. Todos acudimos a nuestras redes cuando nos rompen el corazón. Nuestros amigos, nuestras familias, la terapia, otros amores, quizás más fugaces pero no por eso menos importantes, todas esas redes cuidan de nosotros para que podamos empezar a sanar. Las historias de esas redes también son historias de amor en nuestras vidas y son precisamente las que nos enseñan que no hay nada malo en nosotros, que hay otros dispuestos a seguir amándonos y que nuestras existencias son válidas aunque estén siendo atravesadas por el dolor.

“Sobrevivimos al sufrimiento cuando conocemos personas capaces de amar” dice Bell Hooks y pienso en todas esas personas que nos rodean y que nos aman. “Un corazón herido aprende a quererse a sí mismo superando la baja autoestima”.

Que difícil es aprender a quererte a vos mismo después de que te rompen el corazón. Es un proceso largo y complejo, que implica que juntes todos esos pedacitos tuyos que quedaron destrozados y empieces a juntarlos de a poquito, reconstruyendo un rompecabezas que parece imposible.

Un corazón se rompe en un instante, y tarda mucho tiempo en sanar. No pasa de un momento a otro, no te levantas un día y te encontras con que ya no sientes más dolor en el pecho. Más bien, el dolor se va apagando de a poquito, muy gradualmente, a veces te sorprende con un pinchazo y pensas que retrocediste algunos casilleros. A veces pensas que nunca vas a volver a amar otra vez, al menos no como habías amado antes, a veces crees que esa capacidad te la rompieron para siempre.

“¿Y no será que la vida sin ti se vuelve aburrida? A veces me cuesta entenderlo…¿Se puede volver a encender una hoguera extinguida?.” Chris Pueyo.

¿Será que es posible que nunca sabemos del todo? ¿Qué nuestras heridas sencillamente no cierren nunca?. Me gustaría cerrar diciendo que no, que tarde o temprano siempre sanamos. Pero la verdad es que no lo se, no podría saberlo, las posibilidades dentro de la experiencia humana son tan amplias que probablemente sea posible no sanar nunca.

Lo único que se me ocurre es que intentar sanar siempre vale la pena. Algo debe haber esperando al final del camino para quienes lo intentan. Con todo el dolor que es capaz de generarnos, el amor sigue siendo de las cosas más maravillosas que podemos experimentar. Pretender volver a él no tiene nada de malo. Todos los corazones rotos merecen volver a ser felices, aunque a veces cueste horrores conseguirlo.



Siempre sentí una obsesión por la vida de los escritores que me gustan, me fascina conocer sus historias, sus padeceres, sus dolores y la lucha que tuvieron que llevar adelante para lograr ser publica