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  • Nenes No Lloran

A todxs nos gustan las cosas de "nenas"

Actualizado: 21 oct 2021

En casa durante mi infancia no había muchos televisores, durante mucho tiempo solo hubo dos: uno en la pieza de mis papas y otro en la pieza de mi abuela. Este último fue un auténtico refugio para mi. Mi abuela es de sueño pesado, y entonces en las horas de la siesta podía ver tele libremente sin molestarla y sin nadie más alrededor.

Hasta acá se entiende el porqué del “refugio”, pero el detalle más importante en realidad es que en esas horas podía ver un programa de tele que no hubiera podido ver en la otra TV de la casa: Chiquititas.

Era casi como ritual religioso: esperaba a que mi abuela se durmiera, hacia zapping un rato y cuando empezaba chiquitas sintonizaba el canal que lo pasaba (si la memoria no me falla era TELEFE). Era algo que veía a escondidas porque sin tener mucha idea sospechaba que no se suponía que un varón de 6/7 años viera un programa como ese, cuyo mismo título indicaba que era para nenas.

Hasta muy adentrado en mi adolescencia gran parte de mis consumos culturales fueron a escondidas, casi clandestinos. Las cosas para nenes no me gustaban. Nunca me gustó el futbol, una vez intente ver Cebollitas y me resulto aburrido, había dos o tres programas para “varones” que me gustaban pero más allá de esos me la pasaba viendo Sakura Card Capture, Sailor Moon y otras series o animes del estilo. Siempre me atrajeron un montón los personajes femeninos, me resultaban interesantes.

Me daba cuenta de que era muy distinto a mis amigos varones. Ellos colgaban posters de sus jugadores de fútbol en las paredes de sus piezas, podían pasarse horas discutiendo sobre el partido del día anterior y a escondidas veían I-sat a la noche cuando pasaban películas codificadas. 

Ahora que lo pienso es muy curioso. Ellos veían a escondidas un contenido que no estaba pensado para personas de nuestra edad, yo en cambio consumía a escondidas contenidos que no estaban pensados para mi sexo.

Como será que el género es una construcción social, que incluso desde muy chicos somos obligados a consumir contenidos de acuerdo a nuestro sexo biológico, contenidos que además trabajan y perpetúan los roles y estereotipos que nosotros también tenemos que cumplir en nuestras vidas. 

Pero al hacer que nuestros niños consuman solo cierto tipo de contenidos, también les restringimos el acceso a grandes partes de la naturaleza humana, coartamos su capacidad de ver y aprender otras realidades, conocer otros mundos y desarrollarse con una visión más completa de la vida. Esa enorme restricción a la libertad después impacta de forma gigantesca en cómo somos en el futuro.

¿Cómo vamos a evitar que nuestros varones sean violentos y agresivos si solo les dejamos consumir contenidos que les dicen precisamente eso?

Las historias con mujeres protagonistas me gustaban más porque podía empatizar mucho más con ellas. Los problemas y complicaciones que ellas enfrentaban eran en cierta forma los mismos que yo también enfrentaba. Eran emocionales, complejas, protagonizan dramas sentimentales que se desarrollan de forma paralela a las tramas principales de sus historias. Eran humanas.

Las series o dibujos protagonizadas por varones en cambio eran muy unidimensionales. Todos los personajes varones cumplían un mismo prototipo de personalidad, las tramas eran básicas y predecibles y los conflictos solían ser bastante básicos. Todo siempre se resolvía cuando un varón tenía una buena idea, descubría al asesino, o desbloqueaba algún nivel nuevo de poder que superaba al poder que ya había desbloqueado la semana pasada. 

Que triste es la vida cuando te ves obligado a esconder las cosas que te gustan para evitar que te juzguen o te castiguen. Crecí y ese mecanismo de creación de “refugios” que construí en la pieza de mi abuela se fue multiplicando de distintas formas: veía en secreto películas de Disney que tenían princesas de protagonistas, cuando tuve mi primer walkman y luego mi primer discman grababa casettes y cds con música de artistas femeninas a escondidas, cuando llegó internet una de las primeras cosas que aprendí fue a crear carpetas ocultas donde pudiera guardar cosas que prefería que otros no vieran. Mis compañeros empezaron a usar este mecanismo para guardar porno, yo lo usaba para guardar las canciones de Rebelde Way.

Cuando tenia masomenos 12 años me adentre en el maravilloso mundo de Harry Potter, gracias a eso desarrolle un amor por la lectura que me acompaña hasta el día de hoy y que no puedo negar que me salvó la vida en muchos aspectos. Mi personaje favorito era Hermione, su historia me gustaba a niveles muy grandes, tenía una auténtica fascinación por ella. En ese momento pensaba que era porque su personaje me gustaba, me atraía de esa forma que se supone que los varones tienen que sentirse atraídos por las mujeres. Por esas épocas empezaba a promocionarse también la película, y al ver a Emma Watson no me quedaba duda alguna: entre Hermione y yo había algo personal.

Pero lo que yo sentía por Hermione no era amor, no era atracción física. Su personaje me gustaba porque me sentía identificado con ella, pero no podía sentir eso, no lo tenía permitido, entonces mi cabeza creaba raras historias de amor inexistente solo para justificar un proceso de identificación que era absolutamente saludable y normal. Cuando lo pienso ahora, me pregunto cuantos otros varones habrá que han pasado por procesos similares, ¿Cuántos de nosotros hemos tenido que ocultar que algo nos gustaba o nos agradaba solo para no parecer femeninos?

Mulan fue otra película que me enamoró apenas la vi. La debo haber visto mil veces durante mi infancia y adolescencia, hasta el día de hoy sigue siendo una de mis películas favoritas y hoy puedo entender mejor porqué. Mulan era casi como un espejo en el que era muy fácil verme: una mujer que para poder demostrar su valía y su coraje tuvo que disfrazarse de hombre, un personaje muy complejo que demuestra todo de lo que somos capaces los seres humanos cuando nos animamos a correr las limitaciones de los roles de género, pero sobre todo, una mujer que al final de la película es redimida y aceptada por la sociedad. Algo que muchos hemos buscado y seguimos buscando al día de hoy.

La cultura y sus miles y formas de expresiones son una de las cosas más maravillosas y mágicas de la experiencia humana. Que cortemos su acceso a varones y mujeres solo por su sexo es algo tremendamente injusto y opresivo. Ningún varón debería sentir vergüenza por ver Mulan o Chiquititas. Ningún varón debería sentir vergüenza de las cosas que lo hacen humano.